Teatro Geográfico del Reino de Sicilia

Teatro Geográfico del Reino de Sicilia

Original conservado en el Ministerio de Asuntos Exteriores

Presentamos esta edición facsímil del llamado Teatro Geografico Antiguo y Moderno del Reyno de Sicilia, un manuscrito iluminado conservado en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España y protagonista de estas líneas. Fechado en su página de presentación el 1 de mayo de 1686, contiene 99 ilustraciones de Sicilia, Extraordinario por la cantidad, calidad y naturaleza de sus ilustraciones.

EL FACSÍMIL

El tamaño de la obra es de 410x310 cm con un total de 194 Folios conteniendo 103 mapas y planos.
La encuadernación es en piel regenerada estampada en oro. El cosido de los pliegos se realiza de manera artesanal en cartivana y los cantos de las páginas están dorados y estampados con una filigrana.
El facsímil viene acompañado por un estudio complementario a cargo de Daniel Crespo Delgado y Dolores Romero Muñoz.

EL ORIGINAL

El Teatro Geografico Antiguo y Moderno del Reyno de Sicilia tuvo un carácter diverso. Sus ilustraciones, ni mucho menos, se redujeron a los aspectos defensivos o militares de la isla. Aunque en sus páginas encontramos representaciones de fortalezas y un especial protagonismo de las murallas y los sistemas defensivos en sus vistas de ciudades, sus imágenes son mucho más heterogéneas que las de un mero atlas militar. Así, en sus páginas encontramos desde los principales monumentos civiles y religiosos de Palermo y Mesina, a escenas mitológicas ligadas a la isla o representaciones de actos institucionales de la corte virreinal. De hecho, el primer rasgo particular del Teatro es la pluralidad de ilustraciones que contiene. En un intento de clasificarlas, podríamos establecer las siguientes categorías. 1. Representaciones geográficas. 2. Vistas de ciudades. 3. Castillos y fortalezas. 4. Monumentos civiles y religiosos. 5. Escenas de la corte del virrey. 6. Fábulas y memorias de la antigüedad. Si tuviésemos que incluir en esta división las imágenes proyectadas o perdidas pero que según su índice formaron parte del proyecto originario del Teatro, nos sería necesario añadir una nueva categoría, la de retratos. Efectivamente, en su índice se hace referencia a dos retratos, el del matemático Arquímedes y el del ingeniero militar Carlos de Grunenbergh, .
En cuanto a las representaciones geográficas, el Teatro se abrió con dos mapas generales de Sicilia. En uno se reflejaban sus tres valles (Val di Mazara, Val Demone y Val de Noto) e islas del entorno, mientras que en el otro, sus principales ciudades, cabos, el Etna y cursos fluviales interiores. Se completaban estos mapas con los de las islas sicilianas (Lipari, Vulcano, Lisca Bianca, Salina, Vulcanello, Le Formiche, Panarea, Levanzo, Filicudi, Alicudi, Stromboli, Ustica, Favignana, Marettimo, Pantelleria) y Malta. Estos mapas, que adoptaron una vista en perspectiva, recreaban de manera genérica el territorio con imaginativas montañas y volcanes e incluían, al menos en Lipari, Favignana y Marettimo, indicaciones de la ubicación de sus ciudades y defensas más relevantes. En el caso de Malta, por su decisiva importancia estratégica, se introdujo una vista icnográfica de La Valeta, incidiendo en su impresionante sistema defensivo. Dentro de esta misma categoría también podríamos englobar las vistas topográficas del litoral siciliano. Partiendo de Mesina y en dirección oeste, en un recorrido completo por todo el perímetro costero y que volvería a fenecer en dicha capital, el Teatro mostró todo el litoral de la isla en una serie de mapas que representaron los siguientes tramos: Mesina - Milazzo; Milazzo - Calavà; Calavà - Caronia; Caronia - Finale; Finale - Termini Imerese; Termini Imerese - Capo Gallo; Capo Gallo - Castellammare del Golfo; Castellammare del Golfo - Trapani; Trapani - Marsala; Marsala - Mazara del Vallo; Mazara del Vallo - Sciacca; Sciacca - Agrigento; Agrigento - Licata; Licata - Gela (Terranova); Gela - Punta Braccetto; Punta Braccetto - Pozzallo; Pozzallo - Porto Passero; Porto Passero - Siracusa; Siracusa - Augusta; Augusta - Catania; Catania - Taormina; Taormina - Mesina. De hecho, esta suerte de viaje a través de la costa sería el eje vertebrador del Teatro ya que en su marcha se mostraron de manera ordenada las demás imágenes, las de las ciudades, fortalezas, monumentos y antigüedades que se encontraban en dicho itinerario y que conformaron esta obra. Las representaciones del litoral tienen similares rasgos a los del mapa de Sicilia y de sus islas: adopción de vistas en perspectiva, representación pictórica del territorio, indicación de los principales cursos de agua y ciudades, etc. Hagamos referencia de igual modo en este epígrafe a una evocadora vista del Etna con el castillo de Castrogiovanni en su cima, si bien el protagonismo de esta ilustración reside en la escena mitológica (el rapto de Proserpina) de la que el volcán es mero decorado.
En relación a la segunda categoría de imágenes que hemos establecido, la de vistas de ciudades, el Teatro incluyó las vistas de Mesina, Milazzo, Cefalù, Termini, Palermo, Trapani, Marsala, Mazara, Sciacca, Agrigento, Licata, Gela, Siracusa, Augusta y Catania. Todas, por tanto, ciudades costeras y bajo jurisdicción real. El Teatro solió mostrar una única vista, en perspectiva, de todo el perímetro urbano y con indicación del territorio donde se asentaba, exceptuando de las que eran sus dos capitales, Palermo y Mesina, de las que, lo veremos después, ofreció un amplio muestrario de sus edificios más singulares. En las vistas urbanas, como ya apuntamos, el Teatro incidió de manera especial en sus sistemas defensivos. De especial interés son las vistas de Mesina, Siracusa y Augusta, basadas en los dibujos que diera el prestigioso ingeniero flamenco Carlos de Grunenbergh para la ejecución de sus nuevas defensas poco antes de la confección del Teatro. De hecho, el Teatro proporcionó vistas de las fortalezas más determinantes de la isla y que consideramos la tercera categoría de ilustraciones de la obra. Se representaron a lo largo de sus folios, los castillos de Santiago y Santa Catalina de Favignana; torre de San Leonardo de Favignana y fuerte de Levanzo; la nueva ciudadela y los castillos de San Salvatore, Matagrifone, Gonzaga y Castellazzo de Mesina; Castel A Mare de Palermo; castillos de Trapani, Marsala, Mazara, torre Colombaia (en el puerto de Trapani), Sciacca, Gela, Licata y Siracusa. Advirtamos que la vista en perspectiva de la ciudadela de Mesina, también partió, como la general de Mesina y las de Siracusa y Augusta, de una traza de su responsable, Carlos de Grunenbergh. Las fortalezas del Teatro se mostraron mediante vistas oblicuas o a vista de pájaro, y de algunas, las menos, se representó de igual modo su planta (castillos de Santiago y Santa Catalina de Favignana; torre de San Leonardo de Favignana y fuerte de Levanzo).
El Teatro incorporó vistas de los principales monumentos civiles y religiosos de Palermo y Mesina. De Mesina nos encontramos vistas de las fachadas del Palacio Real, el Hospital de Santa María de la Piedad y de la iglesia de San Gaetano; asimismo de las esculturas públicas de Juan de Austria y de Carlos II a caballo. De Palermo, más numerosas por ser sede del gobierno virreinal, se mostró la Porta Felice y la Nuova, I Quattro Canti, el conocido como Teatro de la Música, el muelle, el arsenal, el Palacio Real, el hospital de San Bartolomé, la Vicaría o Cárcel, la fuente y palacio del Pretor, la iglesia de las Almas del Purgatorio, la catedral, su custodia y las estatuas públicas de Carlos V y Felipe IV. Todas ellas fueron vistas generales y normalmente frontales. También se incluyeron vistas interiores de edificios, en concreto una de la galería del Palacio Real decorada por el virrey Santisteban y otra de la iglesia de los jesuitas. Curiosamente, en el Teatro también hubo lugar para monumentos de la provincia de Palermo como una vista de conjunto del monasterio de San Martino delle Scale, otra de la villa del Príncipe de Pietrapierza en Bagheria y una interior de la catedral de Monreal. Ni que decir tiene que estos monumentos, tan representativos como admirados, habían merecido ya numerosos parabienes en la literatura corográfica siciliana. Mariano Valguarnera en su Discorso dell´origine ed antichità di Palermo (1614) afirmó sobre esta obra que era un “superbo molo, che non invidia a quantunque sontuose e magnifiche fabriche de gli antichi”. En su apologético Palermo Glorioso (1645) Francesco Baronio Manfredi lo calificó de “miracoloso” y “magnifico”. Pero estas imágenes, al margen de revelarnos los monumentos más considerados por el entorno virreinal, que es donde se gestó el Teatro, también son de gran interés porque nos muestran el aspecto de edificios que sufrieron con posterioridad intervenciones importantes (verbigracia catedral de Palermo o monasterio de San Martino), incluso llegando a desaparecer algunos de ellos, caso, por ejemplo, del Palacio Real, la estatua ecuestre de Carlos II, San Gaetano o el Hospital de Santa María de la Piedad en Mesina, o en Palermo, del Teatro de la Música, la Vicaría o el monumento a Felipe IV.
Similar relevancia histórica poseen las imágenes que el Teatro incluyó sobre el funcionamiento de la corte virreinal (parlamento, disposición de las autoridades en la iglesia según el protocolo cuando presidía los oficios el virrey y galera capitana de Sicilia) ya que de algunos de estos actos únicamente contábamos con relaciones escritas o con escasas y parciales ilustraciones. Vale la pena resaltar en este punto que la división entre tipos de imágenes en el Teatro no es en verdad tan clara como aquí hemos pretendido establecer. De hecho, algunas de ellas resultaría difícil incluirlas en una u otra de las categorías señaladas. Por ejemplo, en la ilustración del Palacio Real de Palermo aparece en primer plano el cortejo del virrey, pudiéndose entender, o mejor dicho, siendo una representación del palacio a la par que de una función cortesana. Lo mismo en la imagen del tramo del litoral entre Mesina y Milazzo en la que el ilustrador del Teatro incluyó la representación de los “22 vageles de la Armada Real de España que pasaron a Italia año 1684”. Esta duplicidad de contenidos en una misma ilustración fue recurrente en las representaciones mitológicas y de la antigüedad que aparecieron en el Teatro. Así, en múltiples vistas geográficas e incluso de ciudades se incluyeron en sus márgenes escenas mitológicas vinculadas al territorio o lugar representado. Ya señalamos como la ilustración del Etna hizo de mero telón de fondo al rapto de Proserpina. Aunque tal vez sea el más llamativo, éste no fue el único caso. En uno de los mapas generales de Sicilia apareció Júpiter arrojando al gigante Encélado al Etna por rebelarse contra los dioses; en el que mostraba el estrecho de Mesina se representó a los míticos monstruos Escila y Caribdis; en el tramo Trapani – Marsala, Saturno con la hoz que la tradición afirmaba se le había caído y formado la ciudad de Trapani; un cíclope, considerados los primeros habitantes de la isla, en el litoral de Acireale; alegorías de las fuente de Aretusa y del río Alfeo en la vista de Siracusa, etc. Como escenas individuales, dentro de esta categoría de fábulas y memorias de la antigüedad cabría citar la dramática representación de la muerte del filósofo Empédocles arrojándose al cráter del Etna o las vistas de las antiguas Palermo y Siracusa, si bien esta última, un grabado extraido de la Sicilia Antiqua (1619) de Filippo Cluverio, cabría considerarla un añadido.
Aunque no las consideremos una categoría propiamente dicha, recalquemos la importancia que adquirió en el Teatro la marginalia, ni mucho menos reducida a representaciones mitológicas. Efectivamente, el Teatro incluyó una amplia gama de recursos decorativos para animar sus ilustraciones –de manera especial sus vistas geográficas– como bajeles, tritones y otros animales marinos fantásticos, soldados, cazadores, personajes populares, motivos heráldicos, etc. Incluso nos topamos con un par de escenas narrativas, una de ellas muy característica de Sicilia como era la pesca del atún, que orna los márgenes de la vista del litoral entre Castellammare del Golfo y Trapani.
Es indudable que la utilidad de una obra con tal diversidad de imágenes y con tan alto sentido decorativo no podía reducirse a una militar y estratégica. Además, las representaciones de castillos, fortalezas y defensas de las ciudades del Teatro no tenían la precisión que solía ser habitual en los atlas militares, en los de, por ejemplo, Spanoqui, Camilliani o Negro-Ventimiglia. En este sentido resulta enormemente revelador detenerse en las ilustraciones que ya dijimos partían de las trazas dadas por Carlos de Grunenbergh: ciudadela y vista de Mesina, y nuevas fortificaciones de Siracusa y Augusta. Estas imágenes, en comparación con las demás del Teatro, presentan un punto de vista elevado (prácticamente cenital) y una exactitud y concreción propias de los ingenieros militares. Las restantes del Teatro son más pictóricas, adoptando una serie de soluciones (vista pseudo-perspectívica, mayor atención al paisaje circundante, inclusión de detalles pintorescos) que les otorgan un mayor atractivo visual aunque le resten precisión. De hecho, en algunas vistas de castillos o ciudades los errores o inexactitudes fueron notables, ya fuese en la representación del trazado de las murallas y defensas, en la del entramado urbano o en la del territorio. Así, sin pretender ser exhaustivos, el tejido urbano que el Teatro muestra de Agrigento, Gela, Sciacca o Marsala es demasiado imaginativo. Lamentablemente, desconocemos hasta la fecha quién realizó las ilustraciones del Teatro ya que el único nombre que podemos vincular a esta obra de manera inapelable, el que firma la hoja de presentación, Carlos Castilla, que sabemos fue librero de la corte virreinal, se considera más su editor o coordinador que su ilustrador. Se ha supuesto que el Teatro sería obra de un nutrido grupo de artistas que partirían en muchas ocasiones, sobre todo en las vistas geográficas, en las de ciudades y en las de castillos y fortalezas, de planos y estampas preexistentes o realizadas con otros objetivos pero que estarían (o se pondrían) a su disposición.

En cualquier caso, las ilustraciones presentes en el Teatro, ya fuesen geográficas, militares, mitológicas, de monumentos o ciudades, partieron de tradiciones iconográficas consolidadas. Parte de su excepcionalidad residiría, pues, no tanto en cómo sino en qué representan algunas de ellas, en la información que aportan sobre determinados territorios, edificios e incluso, recordémoslo, funciones cortesanas. No obstante, la luz del Teatro surgiría, sobre todo, de la reunión de tan heterogéneas imágenes en una misma obra. En el propio prólogo del Teatro, el librero Carlos Castilla afirmó que en él se mostrarían “las cosas particulares de este Reyno”. Efectivamente, el Teatro aunó representaciones sobre la geografía, la defensa, la historia y los tiempos modernos de Sicilia, deviniendo una suerte de retrato de su memoria y su actualidad, una ventana para recorrerla por sus fábulas, lugares y construcciones, que fue un retrato no dejado al azar o al albur de sus autores, sino precisamente trazado desde ciertos valores promovidos y amparados por la corte virreinal. Pero insistamos ahora en el encuentro en esta obra del pasado y el presente de la isla, de sus fastos antiguos y modernos, quedando reflejado todo ello en su mismo título: Teatro Geografico Antiguo y Moderno del Reyno de Sicilia.

 

Isabel de Valois
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